Más acerca de mí

Yo haciendo el idiota en Louisville, Kentucky

Aunque ahora me gustaría considerarme a mí misma escritora, empecé como una ávida lectora. Siempre que pienso en mi niñez, me recuerdo a mí misma con un libro en las manos. Empecé con las colecciones juveniles que se morían de risa en la estantería de mi hermana y no he parado desde entonces. Incluso lo intenté con la Biblia y el Quijote antes de decidir que me quedaban algunos años antes de estar preparada para semejante tarea...

 

 

Con mi sobrina pequeña, Marina, de vacaciones en Benalmádena

Pasé por el colegio y el instituto sin pena ni gloria. Mis buenas notas me vistieron con la imagen de la típica empollona a los ojos de mis compañeros, así que no hace falta decir que no tuve novio hasta mucho después. Siempre fui buena en ciencias. Tenía una gran visión espacial y facilidad para la abstracción. Además, no requerían de las horas de estudio que las asignaturas de letras exigían, razón por la que, en la misma cola de la universidad, rechacé las carreras de Medicina y Derecho a favor de Ingeniería Industrial. Lo que yo quería haber elegido era Física, pero la vocecilla de mi padre susurrándome que terminaría de profesora en algún instituto obligó a mi dedo a marcar la casilla de Ingeniería. Elegir Industriales fue sencillo. Tenían una especialidad llamada Técnicas Energéticas que sonaba más que interesante a mis oídos...

 

En mi vida anterior, haciendo una demostración con mi hermana, Ana

Los siguientes años fueron una lucha constante para él. Y para nosotros. Quimioterapia, cirugía, radioterapia, más quimioterapia. Nos manteníamos unidos como podíamos y sacábamos la empresa familiar adelante de igual manera. Comencé a simultanear mis clases en la universidad con el trabajo en la empresa y mi hermana se unió al proyecto, como Directora Comercial. Mientras ella lidiaba con el sector ligeramente machista del mundo de las grúas, yo intentaba aparentar que sabía lo que me hacía abajo en el taller, entre bombas hidráulicas, embragues y bobinas. No importa lo que os digan. Aquella tarde en que casi prendimos fuego al taller, no fue culpa mía...

 

Mi hermana y yo, ahogando nuestras penas en margaritas

Así fue como, a pesar de mis sueños de juventud, de mis matrículas de honor en asignaturas como Cálculo Infinitesimal, Ecuaciones o Física Nuclear, terminé dirigiendo el Departamento Técnico de la empresa familiar, dedicada a la importación, comercialización, montaje y servicio postventa de grúas. Plataformas Elevadoras Móviles para Personas, así eran conocidas en el sector. No era el trabajo más cool del mundo, eso estaba claro...

 

 

En el bautizo de mi "sobrino", Marcos

Así es como, de pronto, me encontré con mucho tiempo libre y nada en lo que gastarlo. Siempre me había faltado tiempo. Ahora me sobraba y descubrí que no sabía cómo perderlo. De modo que empecé a escribir. Retomé una de las historias que guardaba olvidadas en un rinconcito de mi disco duro, una de las tantas que había dejado esperando, indefinidamente. Al principio, me lo tomé como un hobby, una forma de pasar el rato pasándomelo bien al mismo tiempo. Conforme dejaba atrás más y más páginas, se convirtió en un ensayo. Quería comprobar si podía hacerlo, terminar una novela, y qué tal me sentía haciéndolo...

 

 

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Sin duda, mucha más información acerca de Marta Ciudad de la que buscabais...